martes, 2 de julio de 2013

Declaración sobre la Reafirmación del Matrimonio Bíblic - Iglesia de Dios (Church of God) Mission Board

Declaración sobre la Reafirmación del Matrimonio Bíblico
Esta declaración fue adoptada el 26 de junio de 2013
por el Comité Ejecutivo Internacional de la Iglesia de Dios
y refleja la postura oficial de la denominación sobre el matrimonio.

La Iglesia de Dios basa sus posiciones doctrinales y prácticas en las enseñanzas de las Escrituras. Su declaración de Principios Prácticos afirma, bajo el tema de la Responsabilidad familiar (Punto IV): «El matrimonio es ordenado por Dios y es un acto de unión espiritual entre un hombre y una mujer para vivir como una sola carne (Génesis 2:24; Marcos 10:7)».

Además, la Iglesia se ha expresado sobre la Pureza Moral:

“Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, por lo cual debemos usarlo para la gloria de Dios (Romanos 12:1-2; 1 Corintios 6:19-20; 10:31). Debemos andar en el Espíritu y no satisfacer los deseos de la carne (Gálatas 5:16). La Escritura contiene varios pasajes con ejemplo de una conducta carnal que no glorifica a Dios (Romanos 1:24; 1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21; Apocalipsis 21:8). Las prácticas pecaminosas más prominentes que aparecen en estos pasajes incluyen: la homosexualidad, el adulterio, las actitudes mundanas (como el odio, la envidia y los celos), la comunicación corrupta (como el chisme, las emociones iracundas y palabras soeces), el robo, los asesinatos, las borracheras y la brujería.”

La Iglesia reafirma su posición histórica y bíblica sobre el matrimonio en respuesta al fallo imprudente de la Corte Suprema de los Estados Unidos, del 26 de junio de 2013, en el caso de los Estados Unidos v. Windsor. Este veredicto anula el artículo 3 de la ley de Defensa del Matrimonio (DOMA, por sus siglas en inglés: Defense of Marriage Act), que para efectos de la ley federal, define al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer y, por consiguiente, por esta acción se defiende la legalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo.

La Iglesia de Dios apoya una definición del matrimonio que defienda la verdad de que la diferencia sexual es una característica importante de la relación matrimonial; que el bien fundamental de la complementariedad en la unión de un hombre y una mujer es esencial para el bienestar de la familia. Un sinnúmero de estudios reconoce la importancia de las madres y de los padres en el desarrollo saludable de la niñez. Defendemos un concepto del matrimonio que refleja siglos de sentido común, la realidad biológica, la definición de la Biblia, la tradición judeocristiana y la sabiduría, sobre este tema, de todas las grandes religiones. Sostenemos una posición que aboga por el bienestar de la niñez y el bien de la sociedad.

Afirmamos esta declaración basada sobre dos verdades: el carácter sagrado del matrimonio y la pecaminosidad de la homosexualidad.

La idea del matrimonio no se originó en la mente humana sino en la de Dios. La Biblia explica que el Creador los hizo hombre y mujer el uno para el otro (Génesis 2:18-24), y esta verdad es reafirmada por el Salvador (Mateo 19:4-6). Es Dios quien instituyó el matrimonio y fue Cristo quien dijo, «lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe». Por tanto, los seres humanos no tienen el derecho legítimo a redefinir el matrimonio para complacerse a sí mismos. La redefinición del matrimonio constituye su negación. Las leyes humanas deben ser juzgadas por las leyes de Dios.

El reconocimiento legal del matrimonio homosexual, a su vez, legitima la homosexualidad, que la Biblia ha declarado como pecado. La homosexualidad viola el orden natural de la sexualidad por medio de la cual la raza humana se desarrolla y continua. Este viola las enseñanzas de las Escrituras, como se demuestra en Levítico 18:22; 20:13; Romanos 1:25-27; 1 Corintios 6:9-10; y 1 Timoteo 1:9, 10. Este viola el plan de Dios para el matrimonio y la familia, expuesto en Génesis 2:18-24; Mateo 19:3-4; 1 Corintios 6:9; 1 Juan 1:9. Aunque algunos tergiversan las Escrituras y sugieren que su significado no sigue vigente, la realidad es que la homosexualidad es desagradable ante los ojos de Dios.

La Iglesia reconoce que Dios condena estas prácticas pecaminosas, pero reafirma su amor y preocupación por la seguridad presente y eterna de los que practican este estilo de vida y solamente denuncia su conducta pecaminosa. La Biblia asegura que es posible librarse de la homosexualidad. 1 Corintios 6 enumera una serie de pecados, incluyendo a la homosexualidad, pero afirma, «... y eso eran algunos de ustedes...» (1 Cor. 6:11). La liberación es una realidad.

Lamentamos el fallo de la Corte y creemos que tendrá un efecto adverso sobre las futuras generaciones, así como resultados demográficos, culturales, sociales y religiosos imprevisibles. Además, instamos a las personas que valoran el matrimonio bíblico, a que tomen las medidas posibles para atenuar los daños a la familia en todas sus formas.

Traducción revisada por el Dr. Ildefonso Caraballo Sánchez

sábado, 13 de abril de 2013

Crucificado con Cristo...

Discipulado: Crucificado con Cristo y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.

El discipulado es lo que he llamado “la parte olvidada de la Gran Comisión”. En la versión de Mateo 28:18-20 de la Gran Comisión, Jesús nos instruye a ir (a predicar las buenas nuevas), discipular, bautizar y enseñar. En mi opinión hemos ido a predicar y hemos bautizado, pero no hemos dedicado el tiempo y el esfuerzo necesario para cumplir con la formación de discípulos y la enseñanza. Los esfuerzos que se han hecho se han quedado cortos. Estos son parte de los retos y desafíos, las oportunidades que Dios le quiere dar a la Iglesia en este tiempo.

Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” (Mt. 16:24). El apóstol Pablo en Gálatas 2:20 a aceptado el reto del discipulado y responde: “Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
(Nueva Traducción Viviente).

Según Gálatas 2:20, las marcas de un discípulo son:

1. Está crucificado con Cristo.
2. Ha muerto (su yo ya no vive).
3. Cristo vive en él.
4. Vive en la carne confiando en el Hijo de Dios, quien le ama y se entregó a sí mismo
por él.

Pensamientos para seguir reflexionando:

•La cruz es un evento transformador que ha cambiado el mundo y que ha incorporado al apóstol Pablo, y a todo el que recibe el evangelio, a una nueva esfera de poder.
•El verdadero discipulado produce cristianos.
•Las marcas de la nueva vida son amor y entrega.

miércoles, 23 de enero de 2013

Dios, la oración y la tecnología

Gracias a Dios, que los efectos de la tecnología no están disponibles en el cielo ¿Qué sucedería si Cristo decidiera instalar una contestadora telefónica en el cielo?

Imagínate orando y escuchando el siguiente mensaje:

“Gracias por llamar a la casa de mi Padre. Por favor selecciona una de las siguientes opciones:

•Oprime 1 para peticiones
•Oprime 2 para acciones de gracias
•Oprime 3 para quejas
•Para cualquier otro asunto, oprime 4”

Imagínate que Dios usara la frase tan conocida:

"En estos momentos todos nuestros ángeles están ocupados, atendiendo otras oraciones. Por favor manténgase orando en línea y su llamada será atendida en
el orden en que fue recibida".

¿Te imaginas este tipo de respuesta cuando llames a Dios en tu oración?

"Si desea hablar con Mateo…presione 5... con Lucas…presione 6, con Juan…
presione 7... si desea hablar con cualquier otro evangelista…presione 8... si
desea que el rey David le cante un salmo, presione 9... si desea hacer
reservaciones en la casa de mi Padre... simplemente presione Juan, seguidos
de los números 3, 1 y 6. Si desea tener respuestas a preguntas sobre los
dinosaurios, la edad de la tierra, ¿dónde está el arca de Noé?... Por
favor espere a llegar al cielo.”

¿Te imaginas lo siguiente en tu oración?

"Nuestra computadora nos indica que usted ha llamado varias veces hoy, por
favor cuelgue inmediatamente y despeje la línea para otros que también quieren
orar"

O lo siguiente:

"Nuestras oficinas están cerradas el fin de semana, por favor vuelva a llamar
el lunes".

Gracias a Dios que esto no sucede. Gracias a Dios, que le puedes llamar en oración cuantas veces necesites. Gracias a Dios que a la primera llamada, El siempre contesta. Gracias a Dios por Jesús y que con Jesús nunca estará la línea ocupada. Gracias a Dios, que Él nos responde personalmente y nos conoce por nuestro nombre. Gracias a Dios, que Él conoce nuestras necesidades antes de que se las manifestemos.

Gracias a Dios porque de nosotros depende llamarle en oración.

(Revisado por Ildefonso Caraballo Sánchez)

domingo, 20 de enero de 2013

La oración: un hábito y una carta de amor

Un autor ha llamado la oración “un hábito del corazón”. Es que cuando evaluamos nuestra vida diaria, estamos llenos de hábitos y de costumbres. Creo que todos cuando nos levantamos en la mañana “automáticamente” vamos al baño, realizamos nuestras necesidades fisiológicas y luego nos lavamos la boca. Ya es un hábito, una costumbre. Cuando somos niños nos cuesta aprender este proceso, pero cuando somos adultos ya es parte de nuestra rutina diaria.

Un hábito es “la facilidad adquirida por la constante práctica de un ejercicio”. Es una costumbre, algo que por la práctica adquiere la fuerza de la ley hasta convertirse en parte de nuestra naturaleza. El énfasis está en la práctica constante. Un ejemplo de esto es el uso de los cinturones de seguridad cuando conducimos un automóvil. Ya es parte de nuestra rutina (por lo menos de la mía) subir a un auto y ponernos el cinturón. De aquí a algún tiempo pasará lo mismo con hablar con el celular y guiar. La fuerza de la práctica y una multa de vez en cuando nos establecerá este nuevo hábito o costumbre.

Así como tenemos hábitos y costumbres que son parte de nuestra rutina y vida diaria, hablar con Dios debe ser parte vital de la disciplina espiritual del cristiano. Cuando vemos la oración de esa manera la practicamos regularmente, como parte de nuestra respuesta normal de fe en obediencia a la presencia, poder y actividad de Dios.

El Dr. Roberto A. Rivera define la oración como “una carta de amor”. El indica que la oración, la comunicación y el amor están estrechamente ligados en la vida diaria. Omitir cualquiera de estos es convertirse en una persona espiritualmente lisiada. Aprender a orar, es aprender a amar. La oración es un diálogo entre dos personas que se aman mutuamente. La oración es el lenguaje del corazón.

Desde ese punto de vista la oración tiene unos elementos básicos e importantes:

-Información – le decimos a Dios cómo están las cosas, qué creemos, qué necesitamos, a quién queremos que Dios bendiga y por qué. Función informativa.

-Petición – compartimos nuestros deseos, necesidades y ambiciones personales con Dios.

-Confesión – confesamos nuestras limitaciones y fallas, nuestra sumisión a su misericordia.

-Intercesión – oración hecha a favor de otra persona.

-Gratitud – gratitud a Dios por ser quien es y por sus acciones de misericordia a favor de los seres humanos.

Finalmente, “La oración deber ser una manifestación del amor que Dios mismos ha puesto en ti. Orar deber ser hablar con Dios, por cuanto él está presente y te ama no sólo a ti, sino también a tu hermano. En esencia, la oración deber ser sencilla, expresando gratitud directa o pidiendo lo que necesitamos en un momento en particular. El pasado puede necesitar confesión, mientras que el futuro requiere confianza.” (Rosalind Rinker, Communicating Love Through Prayer)

¡Sigamos orando!

sábado, 5 de enero de 2013

Al terminar el año 2012, evaluemos cómo lo hemos vivido y repasemos las experiencias que nos han hecho reír, llorar, aprender, gritar y crecer. Sobre todo, aquellas que nos han acercado a Dios. Debemos también prepararnos para una nueva etapa de nuestras vidas. El calendario y la agenda vacía del año 2013 es un regalo de Dios. También se nos da la oportunidad de revisar cuánto hemos alcanzado de nuestros ideales y de preguntarnos cómo los podemos vivir mejor.

Al prepararnos para recibir un nuevo año, es necesario detenernos y presentarle a Dios nuestros proyectos y nuestros sueños. También pedirle que nos dé discernimiento para comprender lo que realmente nos conviene.

Dios a través de su Espíritu Santo siempre busca hacernos crecer, que avancemos un poco más. Por eso, él mismo nos inspira para que comencemos nuevas etapas, para que no nos quedemos encerrados en el pasado, para que saquemos lo mejor de nosotros, y volvamos a comenzar, una vez más. Doce meses nuevos, cincuenta y dos nuevas semanas y trescientos sesenta y cinco nuevos días. El Espíritu Santo se derrama de un modo especial cuando está por comenzar algo nuevo.

Dejemos que el Espíritu Santo nos inspire sueños nuevos, proyectos generosos, perspectivas llenas de esperanza y de entusiasmo. Dejémoslo todo en la presencia de Dios, diciéndole que todo lo que hemos vivido es para Su gloria y pidiendo que siga trabajando en lo que no es tan santo, bello y bueno en nuestras vidas.

Al comenzar un nuevo año, repasemos las siguientes escrituras y recordemos que a Dios le gustan las cosas nuevas:

1. Isaías 42:9 – “yo (Dios) anuncio cosas nuevas”
2. Isaías 43:19 – “yo hago cosa nueva”
3. Isaías 48:6 – “te he hecho oír cosas nuevas”
4. Lamentaciones 3:22,23 – “nuevas son cada mañana sus misericordias”
5. Ezequiel 36:26 – “daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros…”
6. 2 Corintios 4:16 – “el (hombre) interior no obstante se renueva de día en día.”
7. 2 Corintios 5:17 – “somos nueva criatura”
8. Apoc. 21:1 – “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva…”

lunes, 3 de diciembre de 2012

Prisioneros de Esperanza - Zacarías 9:12

“Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble.”

“¡Vuelvan, pues, a la fortaleza, prisioneros de esperanza! En este preciso día yo les hago saber que les devolveré el doble de lo que perdieron.” (RV Contemporánea)

“¡Oh, cautivos esperanzados, volved a la plaza fuerte! Hoy te envío un segundo mensajero.” (Biblia Textual)

“Regresen a la ciudad fortificada, cautivos esperanzados; hoy te envío un segundo mensajero.

Adviento es una palabra con raíces latinas que significa “venida”. Los primeros cristianos hablaban del “el adviento de nuestro Señor” para referirse a la encarnación de Dios en Jesús de Nazaret. También hablaban de “su segundo adviento” para hablar de la segunda venida de Jesús. Hacia fines del siglo cuarto (IV) comenzó en algunas iglesias la práctica de llamar “adviento” al período previo a la Navidad. En el mismo los cristianos se preparaban para la celebración del Nacimiento de Jesús. El adviento comenzaba con un periodo de ayuno y los sermones se centraban en la maravilla de la encarnación.

Siguiendo esta práctica de la iglesia celebramos periodo y lo hacemos afirmando que adviento es tiempo de esperanza.

Por definición, esperanza es tener la expectativa de algo que todavía no ha ocurrido. Es la expectativa confianza, particularmente en relación con el cumplimiento de las promesas de Dios. La esperanza en términos bíblicos es la anticipación de un resultado favorable bajo la guía de Dios. Es la confianza en lo que Dios hizo por nosotros en el pasado garantiza nuestra participación en lo que hará en el futuro. Esto contrasta con la definición secular de esperanza que dice que es “el sentimiento de que lo que uno ansia se cumplirá.”

Dios es la base y el objeto de la esperanza. La esperanza en Dios se genera por los poderosos hechos divinos en la historia. Estos hechos proveían una base firme para la confianza del pueblo en el propósito permanente de Dios para con ellos. Incluso cuando Israel era infiel, la esperanza no se perdía. Gracias a la fidelidad y la misericordia de Dios, o que se volvían a Él, podían contar con su ayuda, que incluía perdón así como liberación de manos del enemigo. Por eso el profeta Jeremías puede llamar a Dios “la esperanza de Israel, su Salvador en tiempo de aflicción (14:8).”

Poner la esperanza en Dios en negarse a colocarla en el orden creado. Éste es débil, transitorio y factible de fracaso. Por eso es inútil depositar la esperanza en las riquezas, en las casas (las propiedades), los príncipes, los imperios, los ejércitos o incluso en el templo de Jerusalén. Dios, y sólo Dios es una roca inconmovible, y refugio y fortaleza que provee seguridad total.
Un aspecto significativo de la esperanza en el Antiguo Testamento era la expectativa de Israel de la llegada de un Mesías, es decir, un soberano ungido de la descendencia de David. Esta expectativa se basaba en la promesa de que Dios establecería el trono de David para siempre. El Mesías sería el agente de Dios para restaurar la gloria de Israel y gobernar las naciones en paz y justicia. Los sucesores de David en su mayoría habían sido decepcionantes. El rumbo de la nación distaba mucho de ser el ideal. Por eso, el pueblo esperaba que en el futuro un descendiente davídico que cumpliera la promesa divina.

Esa es la expectativa que rodea el nacimiento de Jesús: la esperanza mesiánica.

Durante miles de años, Dios solo nos dio su voz. Antes de Belén, nos dio (y habló por medio de) sus mensajeros, sus maestros y sus palabras. Pero en el pesebre se dio a sí mismo.

Esperanza es celebrar el magno descenso de Dios. Su naturaleza divina no lo dejó atrapado en el cielo, sino que lo condujo a la tierra. En las buenas nuevas de Dios, Él no solo envía, sino que se convierte; no solo nos observa desde lo alto, sino que vive entre nosotros; no solo nos habla, sino que habita con nosotros como uno más. (Max Lucado, 21 de noviembre).

Adviento es:
1. Celebrar al Dios que viene. No es el Dios que ha venido (pasado) o que vendrá (futuro). Es el Dios que está en el siempre presente, en una acción que se realiza siempre: está ocurriendo y ocurre ahora. El Adviento nos invita a tomar conciencia de esta verdad y actuar en forma coherente. Resuena como un llamamiento saludable que se repite con el paso de los días, de las semanas, de los meses: Despierta y recuerda que Dios viene. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora. No es un Dios que está en el cielo desinteresado de nosotros y de nuestra historia, es el Dios que viene. Es un Padre que nunca deja de pensar en nosotros, que desea encontrarse con nosotros, visitarnos; quiere venir, vivir en medio de nosotros, permanecer en nosotros. Viene porque desea liberarnos del mal y de la muerte, de todo lo que impide nuestra verdadera felicidad. Dios viene a salvarnos.

2. Espera y esperanza. Dice el jíbaro de nuestro país: “El que espera se desespera.” Adviento es espera, una espera que al mismo tiempo es esperanza. El Adviento nos impulsa a entender el sentido del tiempo y de la historia como el “kairos”, la ocasión propia para nuestra salvación. En la vida estamos en constante espera. Cuando se es niño o niña se espera por el crecimiento; cuando se adulto se espera por la realización y el éxito; cuando se es de edad avanzada aspiramos al merecido descanso. Llega el momento es que descubrimos que hemos esperado demasiado. Entonces decimos: la vida es vanidad. Es cierto, la vida sin Dios es vanidad.

Hoy vamos a detenernos, en nuestros corazones demos la bienvenida a la Navidad, a la esperanza. Afirmemos las palabras de Zofar a Job:

>“Tendrás confianza, porque hay esperanza. Mirarás alrededor, y dormirás seguro. Te acostarás y no habrá quien te espante..” (Job 11:18, 19)

Acerquémonos a este tiempo con las palabras de Isaías como estandarte:

“pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.” (Is. 40:31).

Escuchemos la voz de Dios que nos dice tiernamente:

“Yo sé los planes que tengo para ustedes, dice el Señor. Son planes para lo bueno, para darles un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11, Nueva Traducción Viviente).

Prisioneros de la desesperanza: NO. Prisioneros del temor: NO. Prisioneros de la ansiedad: NO. Prisioneros del desánimo: NO. Prisioneros de la tensión: NO. Prisioneros de esperanza: SI. (Zacarías 9:12).

Como dice el jíbaro de nuestro país: Lo último que se pierde es la esperanza.


sábado, 17 de noviembre de 2012

El Perdón en la Familia

Desde el punto de vista humano, José tenía muchas razones para no perdonar a sus hermanos. A pesar de que en su inocencia de niño y adolescente, les contó los sueños que tenía, fue orgulloso e inmaduro. No obstante, sus hermanos reaccionaron “aborreciéndole” (Gén. 37:4, 5, 8); le tuvieron envidia (Gén. 37:11), conspiraron contra él para matarle (Gén. 37:18), se burlaron de sus sueños (Gén. 37:20) y lo vendieron a unos ismaelitas (Gén. 37:28).

A pesar de esto, su historia destaca el hecho de que “Jehová estaba con él” dondequiera que él estaba y en todo lo que hacía (Gén. 39:2-6). En casa de Potifar, la integridad de José fue probada como el oro: por el fuego. José venció la tentación (Gén. 39:7-12) a pesar de que el costo fue la cárcel. Allí “Jehová estaba con José” (Gén. 39:21-23). No importa el lugar por dónde Dios nos lleve, debemos asegurarnos de que Él esté con nosotros.

En la cárcel, José conoce al copero y al panadero del rey de Egipto (Gén. 40). Allí José les interpreta unos sueños que habían tenido y les declara su futuro. El sueño del panadero implicaba que lo iban a ahorcar y el del copero que iba a regresar a trabajar con Faraón. José le pide al copero que cuando esté en la corte de Faraón se acuerde de él, pero el copero se olvidó de él (Gén. 40.23). La realidad es que el copero lo olvidó hasta que Faraón tuvo su sueño y necesitó de alguien que lo interpretara. El copero recordó a José y se lo recomendó a Faraón. Así llegó José a ser Gobernador de Egipto y se comenzaron a cumplir sus sueños (Gén. 41:37-57).

La historia de los capítulos 42 al 44 de Génesis relata el encuentro de los hermanos de José con él. José no se identificó inmediatamente con ellos como su hermano. Los hizo pasar por varias pruebas hasta que no pudo contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo…y se dio a conocer a sus hermanos (Gén. 45:1). Fue un momento lleno de gritos y lágrimas. Los hermanos de José se turbaron, pues no entendían lo que estaba pasando. José no había olvidado quien él era: “Yo soy José, vuestro hermano” (Gén. 45:4). Tampoco había olvidado su pasado: “el que vendisteis para Egipto” (Gén. 45:4). Pero había cambiado su perspectiva de la vida, gracias al PERDÓN: “…no os entristezcáis, ni os pese haberme vendido acá, porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros” (Gén. 45.5). Es asombroso lo que el PERDÓN puede lograr en nuestras vidas cuando permitimos que opere en ellas. José les está diciendo: “No se sientan tristes por haberme vendido a los ismaelitas unos años atrás, todo lo que ocurrió es que Dios quiso que yo me les adelantara para preservar su vida frente a la escasez de alimento que iba a haber en la tierra.” EL PERDÓN OCURRIÓ.

El Dr. Ismael López (ya con el Señor) comparte los pasos que deben ocurrir en el proceso del PERDÓN:

1. El primer paso es la aceptación de que la persona está herida acompañado del nacimiento de un profundo deseo de cambio. Muchas veces nuestro orgullo nos impide esta aceptación. No queremos que las cosas cambien.
2. El segundo paso es la sincera expresión y manifestación de los sentimientos ocultos, acompañados por cierto nivel de llanto o lágrimas.
3. El tercer paso es el reemplazo de los sentimientos negativos por sentimientos positivos. El coraje y la ira comienzan a dar paso al cariño y al amor.
4. En el cuarto paso la persona se abre completamente al deseo de perdonar y ser perdonado hasta que éste queda debidamente concretado; el perdón se hace realidad en la vida del individuo. (Ismael López, Consejería del Perdón, 69-70).

Finalmente ocurre una transformación que nos convierte en victoriosos y triunfadores. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). El poder para ser transformados está en la ayuda de Dios a través del Espíritu Santo acompañado de nuestra capacidad para decidir si ejercemos el poder de víctima o el poder del triunfador. Recordemos que siempre el que gana no es el que hiere sino el que PERDONA.